Conflictos Internos

Conflictos Internos

Los conflictos internos surgen cuando lo que quieres difiere de lo que haces, esto serían conflictos internos entre dos partes de ti al querer cosas diferentes.

Cada una de ellas se comunica contigo a modo de vocecita en tu mente tratando de convencerte de que sus razones para seguir sus instrucciones son mejores que las de su contraria. Cada una quiere que la escuches a ella e ignores a la otra. Eso produce en ti inseguridad y confusión sin saber a quién escuchar.

Una es esa parte de ti más lógica y protectora y la otra más arriesgada y aventurera. Son como el ángel de la guarda y el buscador de oportunidades.

En otro artículo hablo sobre los diferentes Yoes (personalidades) y las situaciones que pueden darse cuando dos de ellos entran en conflicto. Si quieres ampliar la información de este artículo te invito a que visites mi página web, donde puedes acceder a ese y otros artículos relacionados con este tema.

 

¿De dónde vienen los conflictos?

Los conflictos internos surgen básicamente cuando tenemos que tomar una decisión y no sabes cuál de las 2 elegir. Dependiendo de varios factores tomarás una decisión u otra, siendo el mayor condicionante el estado emocional en el que te encuentras en ese momento.

Imagínate hasta qué punto las decisiones son importantes que a lo largo del día tomas una infinidad de ellas sin ni siquiera haberte dado cuenta. Desde que te levantas y decides qué ropa ponerte, hasta si vas andando al trabajo, en metro o en coche, si decides ir a comprar hoy o mañana, comer con una amiga… hasta que decides que te vas a dormir. Es una decisión tras otra. Todo, absolutamente todo, lo que haces va precedida de una decisión.

Te voy a poner varios ejemplos de conflictos internos que sin darte cuenta crean estrés e inquietud.

Empiezo o no una dieta. Por un lado quiero perder peso y por otro lado pienso … “es muy sacrificado, no tengo ganas de hacer el esfuerzo”. Una parte dice deberías hacerlo y la otra encuentra las excusas perfectas para no pasar a la acción.

Cambio o no de trabajo. Una parte de ti te repite “estoy aburrida y este trabajo no me aporta nada” mientras que la otra te dice “con la crisis que hay, cómo voy a dejar un trabajo estable y arriesgarme a no encontrar lo que me gusta”.

Me voy o no de viaje, hace mucho tiempo que no me concedo unas vacaciones merecidas e interesantes pero por otro lado cómo voy a gastarme el dinero en unas vacaciones estando la economía como está.

Y suma y sigue con todos esos dilemas que se nos plantean diariamente.

Cuando el intervalo de tiempo se alarga desde que surge el dilema en tu mente hasta que tomas la decisión, y sumado a otros dilemas pendientes, tu nivel de tensión y estrés aumenta cada vez más. La sensación de bloqueo te anula haciéndote creer que no eres capaz y por consiguiente mermando poco a poco tu autoestima y confianza en ti.

 

La influencia de las decisiones en los conflictos internos

“Todo lo que hacemos lo hacemos para obtener placer o para evitar dolor”

Esta frase que aprendí de Tino Fernandez Valls, creador de la Academia de coaching estratégico en España, me dio mucho que pensar. De hecho al principio dudaba y quise comprobarlo en mi día a día.

En uno de los ejemplos anteriores, empezar una dieta lo hacemos por el placer de vernos más guapas, más saludables, que no aprieten los pantalones, etc pero también está el que te impulsa a lo contrario, es decir, evitar dolor, en este caso el esfuerzo ( sucedáneo de dolor a baja escala) dejar de comer lo que me gusta, picar entre horas que me encanta, etc.

Hasta el momento de tomar la decisión, el no saber nos incomoda. nos debatimos entre ambas posibilidades y eso nos crea ansiedad. Si por fin decidimos que voy a deajar de fumar y a los dos días nos fumamos un cigarrillo, podemos decirnos “bueno, por un día no pasa nada”, sin embargo, inconscientemente, sabemos que estamos violando nuestra propia decisión y surgen los remordimientos y el rechazo a nuestra propia dejadez, lo que lleva de nuevo a mermar la autoestima.

 

¿Qué pasa cuando los resultados no son los esperados?

Cada persona reacciona de forma diferente. Si eres de las que te enfocas en la oportunidad o de las que te enfocas en el problema.

Si eres de las primeras los siguientes síntomas te serán familiares.

Miedo: Miedo a ti misma. Más que los resultados obtenidos de tus decisiones, es tu actitud ante ellos los que ponen freno a la hora de decidir. Inconscientemente te causa pavor enfrentarte a ti misma. Eres tu peor enemiga. Te puedes castigar, fustigar en forma de vocecita que te repite una y otra vez… Ves… ya te lo decía yo… no tenías que haberlo hecho, no eres lo suficientemente buena…Es mucho más productivo decirte “La próxima vez saldrá mejor”.

Frustración: las expectativas quizá fueron demasiado altas. Craso error, debes ser muy consciente de tus posibilidades y limitaciones. Sé coherente contigo misma para exigirte hasta donde sea probable que llegues con esfuerzo, pero no te pidas un imposible pues eso desmoraliza a cualquiera. Y pronto aparece la vocecita que te dice: “No soy capaz”.

¿Por qué ser tan cruel contigo misma?. Es como pedirle a un niño de 5 años que te resuelva fracciones, ¿Lo harías?. Si no lo harías con él, qué hace que lo hagas contigo?

Auto castigo: Como no he obtenido el resultado que esperaba (perder peso) me auto castigo psicológicamente. Me veo en el espejo y no me gusta lo que veo, mi mente me repite una vez más que no soy capaz de hacerlo, revives el fracaso una y otra vez, lo que te invita a permanecer aún más en tu zona de confort y no desees correr riesgos, permaneciendo oportunidades de éxito y de crecimiento personal.

Cuando tomamos una decisión que no nos lleva hasta nuestro objetivo nos preguntamos de forma ingenua ¿por qué tomé esa decisión en lugar de la otra?. Pues muy sencillo, porque en aquel momento era la mejor opción para ti. Así de sencillo. Comprendiéndote y aceptándote.

Arrepentimiento: Mi objetivo (perder peso) va en una dirección y mis acciones en otra (me santo la dieta cuando quiero) y cuando no obtengo los resultados que quiero me arrepiento de no haber seguido el proceso al que se suponía me había comprometido para llegar hasta mi objetivo.

Los conflictos son barreras que se interponen entre tu mente y tus sueños.

 

¿Qué puedo hacer para liberarme de esa tensión?

Aceptando que no tenemos el control sobre el resultado de nuestras acciones. Si no llegamos a conseguir el objetivo deseado que no sea por no poner empeño en conseguirlo. Si te has comprometido aunque los resultados no sean los que esperabas, felicítate por al menos intentarlo.

Perdonándote por los errores que comentas. No pasa nada. Aprende de esos errores para la próxima salga mejor. Concédete la sabia opción de equivocarte, independientemente de los resultados.

Queriéndote por encima de todo. Siempre hay una intención positiva en todo lo que haces.

Son 3 premisas importantes que debes tener siempre presente. De lo contrario los conflictos merman la autoestima y la confianza en uno mismo. Se convierte en la pescadilla que se muerde la cola, y eso es lo que poco a poco hace que dejemos de de creer en nosotros.

 

¿Cómo resolver los conflictos?

Si bien gestionar los conflictos puede no ser tarea sencilla, el proceso hasta llegar a su buen manejo no es tan complicado.

Hay un ejercicio que yo utilizo a menudo con mis clientes que es bastante resolutivo. Te explico brevemente varias modalidades del mismo para que tú elijas cual de ellas te resulta más sencilla y puedas hacerlo sola en casa.

 

Un teatrillo

Hacer una especie de obra de teatro en el que hay 3 personajes: tus dos yoes o partes implicadas en el conflicto y tu Yo auténtico como observador. Nombra a cada uno de ellos con el nombre o calificativo que mejor defina su papel. Por ejemplo si una de las partes es tu yo pesado, el que incordia, puedes ponerle el nombre de “plasta”, “pesadilla”, .

1. Ponte en el papel de uno de ellos, intégralo y habla como si sólo existiera este personaje en ti. Habla en primera persona. Ahora di cómo te sientes (esa parte de ti), que es lo que te preocupa, cuál es tu intención, qué papel representas, qué quieres conseguir, qué buscas, qué quieres evitar, qué es lo que más te molesta de otro yo, cómo puedes ayudar a esa parte contraria, qué beneficios aportas a tu Yo observador… todas esas preguntas que se te ocurran y que te ayuden a revelar a tu personaje su verdadera intención. Anótalas en un papel.

2. Interpreta ahora el papel de tu otro Yo. Recuerda que debes darle un nombre y haz lo mismo que en el punto anterior. Sincérate de verdad con lo que sientes.

3. Entabla diálogo entre ambos para buscar recursos en los que ambas colaboren entre sí para el beneficio mutuo de favorecer al Yo auténtico.

Debería llegar el momento en que ambos estén dispuestos a conciliar, con compromiso y llegar a un acuerdo.

Tú, como observador, esta pequeña representación te hace consciente de los does que te representan dependiendo de cada situación.

El mero hecho de ponerles nombre es ya el primer paso para reconocer que no eres tu YO auténtico sino dos personalidades distintas de ti, que actúan e interpretan un papel en función a las diferentes situaciones en las que se encuentran, actuando de un modo u otro adaptándose a las circunstancias del momento.

Así explicado puede parecer algo complicado. Es un ejercicio muy bonito en el que ves la representación de ti misma, de tu vida y tus diferentes personalidades. Es un proceso revelador de descubrimiento, sobretodo desde la posición de observador en la que tú Yo autentico permanece. Te invito a experimentarlo para comprobar los beneficios de esta herramienta.

 

Coge papel y boli y haz dos columnas

1. Identifica los 2 oyes, si el atrevido, el perezoso, el ambicioso, el orgulloso, el protector, el inteligente, el cómodo, etc…. y escribe cada uno en una de las dos columnas. Ponle nombre, el que quieras (puede ser el plasta, el mal metedor…, lo que se te ocurra que más identifique su labor). Te recomiendo echar un vistazo al artículo de los Yoes o subpersonalidades que tengo publicado en mi web.

2. Hazle a cada uno de ellos las siguientes preguntas y lo escribes. Intenta hablar integrando en ti cada parte:

  • cómo se sienten.. (primero ponte en el papel de una de ellas y luego en la de la otra. Será más fácil hacer surgir desde dentro las emociones).
  • en qué te benefician.
  • en qué te perjudican.
  • cómo pueden ayudarte.
  • qué les molesta de la otra parte.
  • qué estarían dispuestas a sacrificar la una por la otra.
  • encontrar una tregua entre ambas.

También puedes resolver un conflicto siguiendo los siguientes pasos:

  • Toma conciencia de que has de tomar una decisión.
  • Identifica cuál es el asunto sobre el cual debes decidir.
  • Escribe en un papel los pros y contras de tomar una decisión u otra.
  • Busca las emociones que aparecen cuando analizas cada una de ellas.
  • Tómate un tiempo de reflexión.
  • Busca más pros y contras de una y otra decisión y escríbelas.
  • Asegúrate de antemano que te perdonarás si los resultados no son los esperados.

 

Ahora decide

Decidas lo que decidas será la decisión correcta

 

Si quieres compartir algún comentario o ampliar información te invito a visitar mi página web  https://emocionalmamente.es donde encontrarás otros artículos interesantes

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